Hoy se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín. Un muro infame que dividió la ciudad de Berlín y la nación alemana entre el bloque capitalista y comunista. Dos ideologías que en directa confrontación separaron miles de familias y seres humanos por espacio de cerca de 30 años. Un muro que separó al mundo en dos bloques luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial e inició un periodo de Guerra Fría que tantos temores levantó de llevar al mundo a una Tercera Guerra Mundial.
Hoy recuerdo este suceso, luego de 20 años, que me marcó profundamente pues vivía a sólo unos kilómetros de donde estaban ocurriendo los eventos que pondrían fin al bloque soviético, no sólo en Alemania sino también en el resto de la Europa del Este. Era el año 1989 y me encontraba entonces viviendo en París. Estos eventos los presencié a través de un viejo televisor, una especie de prototipo de la generación del control remoto, quizás de los años 60, que mis compañeros de apartamento y yo compramos haciendo un serrucho, a 20 francos por cabeza (el euro aún no circulaba).
Recuerdo como hoy los noticiarios e imágenes que continuamente llegaban con reportajes del Este, primero en Polonia donde en los astilleros, Lech Walesa al frente del sindicato Solidarnosc (Solidaridad) llevaba un movimiento de oposición al gobierno de Jaruselzky. Las continuas manifestaciones multitudinarias hicieron tambalear el gobierno en Polonia y levantaron esperanzas de liberación en los ciudadanos del resto de los países del Este.
La política de Perestroika del líder Mikhail Gorbachov había hecho saber a los países del bloque soviético que no apoyarían militarmente a ningún país frente a los levantamientos de la población. Poco a poco, los gobiernos del Este fueron cayendo ante la presión del pueblo.
Continuamente llegaban visuales de los alemanes subiéndose al muro y utilizando martillos, marrones, formones comenzaron a romper el muro. Todas las manifestaciones que simultáneamente fueron ocurriendo en Checoslovaquia y la oposición al mando del escritor Vaclav Havel, las manifestaciones populares en Hungría, Yugoslavia, Bulgaria, Albania se sucedían continuamente una tras otra. Se rumoraba, incluso, que Grecia hiciese reclamos de soberanía sobre Macedonia. Algo que nunca ocurrió. En varios canales de televisión la programación prácticamente se detuvo para transmitir todas las incidencias, noticias y reportajes que llegaban del Este.
Desafortunadamente, años más tarde ocurriría una cruente y sangrienta guerra, entre grupos étnicos, que desarticularía Yugoslavia dando paso a Croacia, Serbia, Bosnia-Herzegobina y Montenegro. Por el contrario, Checoslovaquia dio paso a la República Checa y Eslovaquia de forma totalmente pacífica.
La única liberación que se dió en medio de un baño de sangre ocurrió en Rumanía donde su líder Nicolae Ceausescu (el Conducateur o guía) ordenó al ejército y a la Securitate (la policía secreta) disparar contra los manifestantes en la ciudad de Timisoara. Finalmente, el gobierno colapsó y tanto él como su esposa Elena fueron juzgados por crímenes contra la humanidad y genocidio. El juicio se transmitió en Francia, con traducción simultánea. No sé exactamente cuántas horas duró pero recuerdo que comenzó temprano en la mañana y terminó en la noche. No me despegué prácticamente del televisor escuchando el juicio aún cuando la única imagen que se transmitió, fue una estática del matrimonio Ceausescu y sólo se oían las voces del juez, el fiscal y los Ceausescu de fondo con la traducción al francés como protagonista. Aún me parece recordar y oir, al final del juicio, los gritos de Elena Ceausescu rechazando la sentencia de pena de muerte dictada por el tribunal.
Hoy, integrada a la Unión Europea, Alemania ha disipado los temores que en su momento levantó su posible reunificación. En aquellos años la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher y el Presidente francés, François Mitterrand temían el surgimiento de una Alemania poderosa que pusiese en jaque la estabilidad europea y condicionaban la reunificación a que el gobierno alemán se comprometiera a que nunca intentaría traspasar sus fronteras más allá del río Oder-Neisse, la frontera natural con Polonia. Los recuerdos de la Alemania expansionista de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales seguían vivos para Francia y Gran Bretaña.
Con el paso del tiempo aquel debate de si la reunificación resultaría en una Alemania europea o una Europa alemana, quedó en el pasado. Alemania ha sabido integrarse a la Comunidad europea y mantener una política de cooperación y democracia afin a los postulados que propiciaron su reunificación.
Sin embargo, hoy en día quedan otros muros pendientes por derribar: el muro entre Israel y la comunidad palestina de Gaza, entre India y Bangladesh, entre Corea del Norte y Corea del Sur, entre la Chipre griega y turca, y entre los Estados Unidos y México. Otros muros, levantados por el prejuicio cultural, la desigualdad social y económica, la reminiscencia de un comunismo derrotado y el apogeo de un capitalismo avasallador.
Por: Jaime Rodríguez